viernes, 17 de febrero de 2017
sábado, 4 de febrero de 2017
domingo, 22 de enero de 2017
De una de las últimas amigas de Rilke
Marina Tsvetáieva
A Rainer Maria Rilke
Rainer, quiero encontrarme contigo,
quiero dormir junto a ti, adormecerme y dormir.
Simplemente dormir. Y nada más.
No, algo más: hundir la cabeza en tu hombro izquierdo
y abandonar mi mano sobre tu hombro izquierdo, y nada más.
No, algo más: aún en el sueño más profundo, saber que eres tú.
Y más aún: oír el sonido de tu corazón. Y besarlo.
Versión de Carlos Álvarez
Tu alma y la mía son gemelas...
Tu alma y la mía son gemelas
como mis manos: la derecha y la izquierda.
Tan cálidas y tiernas son unidas
como dos alas de un pájaro dormido.
¡Por un ciclón quedamos separados,
por un abismo, tú y yo, como dos alas!
Versión de Larisa Diakova
sábado, 14 de enero de 2017
Nicolás del Hierro
Un hasta luego, querido Nicolás
PERDIDOS EN LA SOMBRA
Anoche nos perdimos en la sombra.
Color de primavera en unas flores,
que otoño a pie de invierno aconsejaba,
ni tú ni yo pudimos impedirlo:
anduvimos a tientas por las calles
de un mundo casi niño y sin esquinas,
y colgamos la idea en los faroles
apagados, que de la cal prendían.
No sé si nos salvó la suficiencia
de mirar y mirar siempre en directo:
lo cierto es que nos vimos de la mano
cogidos, caminantes ya del alba.
Anoche nos perdimos en la sombra.
Color de primavera en unas flores,
que otoño a pie de invierno aconsejaba,
ni tú ni yo pudimos impedirlo:
anduvimos a tientas por las calles
de un mundo casi niño y sin esquinas,
y colgamos la idea en los faroles
apagados, que de la cal prendían.
No sé si nos salvó la suficiencia
de mirar y mirar siempre en directo:
lo cierto es que nos vimos de la mano
cogidos, caminantes ya del alba.
viernes, 6 de enero de 2017
Antes de acabar...
la Navidad, unas escenas del Cascanueces. esa belleza...
![]() |
| Pyotr Ilyich Tchaikovski |
Completo, para quien quiera entretenerse:
domingo, 25 de diciembre de 2016
sábado, 10 de diciembre de 2016
Un poema de:

PEDRO A. GONZÁLEZ MORENO
SIEMPRE CRECE HACIA DENTRO LA
MEMORIA
Siempre crece hacia dentro la memoria,
como una flor extraña
que renunciase al aire y que creciera
hacia el sueño inicial de sus raíces.
Todo crece hacia dentro, hacia el abismo
donde sólo se escuchan, fantasmales, las voces
de todo lo que un día
fue nuestro, de ese reino
que lentamente fue desamueblándose.
Ahora que ya todo se ha acabado cumpliendo
con la implacable precisión que tienen
a veces los presagios,
también crece hacia dentro
(hacia qué precipicios, hacia qué
nada oscura) el poema:
hacia un silencio último, donde sólo se escuche
el ruido de la luz sobre las cosas.
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